Susan E. Rice (Embajadora de EE.UU. en Naciones Unidas)
En el pasado, muchos consideraron a la pobreza, el hambre y la desesperación en países lejanos como problemas de otros, y prefirieron enfocarse en las cuestiones “difíciles” de la guerra y el poder.
Pero en una era globalizada, los problemas que destrozan a los estados frágiles a final de cuentas pueden amenazar a los estados poderosos.
Mantenerse al margen mientras el mundo más vulnerable sufre conflictos, enfermedades y desesperación seguramente va en contra de nuestra humanidad común.
Pero es también una amenaza a nuestra seguridad común. Nuestros valores nos inducen a reducir la pobreza, la enfermedad y el hambre, a que no haya más muertes evitables de madres y niños, y a crear autosuficiencia en la agricultura, en la salud y en la educación. Pero también lo hace nuestro interés nacional.
Ya sea el peligro del terrorismo, las pandemias, los narcóticos, la trata de seres humanos o el conflicto civil, un Estado tan débil que incuba una amenaza es también débil para contener una amenaza.
En el siglo XXI, podemos estar seguros de que: como el presidente Obama ha dicho más de una vez, la seguridad y el bienestar de Estados Unidos están ligados inextricablemente a los de los pueblos de todas partes.
La creación de la capacidad de los estados frágiles es parte principal de nuestro trabajo diario en las Naciones Unidas, puesto que es la ONU la que dirige los esfuerzos en muchos de los rincones más difíciles del mundo.
La ONU ayuda de una manera excelente a reconstruir sociedades que han sido devastadas, sienta las bases de la democracia y el desarrollo y establece condiciones en las que la gente puede vivir en dignidad y respeto mutuo.
He visto directamente cómo la ONU se desempeña en Haití, donde los pacificadores erradicaron a los pandilleros asesinos de la notoria barriada de Cité Soleil y ahora entrenan un cuerpo de policía haitiano reformado.
Lo he visto en Liberia, donde el Programa de Desarrollo de la ONU apoya los enormes esfuerzos de alfabetización y
de impartir conocimientos de informática y habilidades de comercio a excombatientes desempleados.
Lo he visto en el Congo, donde la ONU hizo posible que se realicen las primeras elecciones democráticas en la historia de ese país.











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